¿Cómo podría impactar un debilitamiento de la economía global en las políticas monetarias de los Bancos Centrales líderes?

Una disminución de la hoja de balance general de la Reserva Federal, combinado con el fin de la flexibilización cuantitativa del Banco Central Europeo, podría significar que estos bancos centrales comenzaran a drenar la liquidez de la economía global por primera vez desde la crisis financiera mundial a mediados de este año.

Sin embargo, este endurecimiento de la política monetaria podría darse al mismo tiempo que el crecimiento global se desacelera y que aumente la volatilidad en los mercados financieros, todo lo cual lleva a pensar que el proceso podría darse en el tiempo, con avances y retrocesos.

De acuerdo al recientemente divulgado informe de PwC UK, los tres bancos centrales de las economías más grandes y avanzadas del mundo respondieron de la misma manera frente a la crisis financiera de 2008-09: bajando las tasas de interés e incentivando préstamos mediante la expansión cuantitativa (EC). Esta metodología generó activos valuados en miles de millones de dólares en los balances de la Fed, el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Japón (BJ).

Diez años después de esta crisis, las entidades bancarias mencionadas están buscando normalizar sus políticas monetarias y establecer tasas de interés cercanas al valor promedio pre crisis. La Fed hizo el mayor avance en este tema, terminando con su tercer programa EC en 2014, subiendo la tasa de interés por primera vez en 2015 y permitiendo que algunos de los activos comprados bajo la política de EC venzan en 2017. Por el contrario, el BCE recién terminó su programa de EC en 2018, y todavía sigue contemplando si detener o no la recompra de los activos, mientras que el BJ continúa comprando bonos del gobierno y activos del sector privado mes a mes.

La finalización de la compra de bonos por parte del BCE, combinado con un incremento de la tasa a la cual la Fed permite que sus bonos y securities expiren significan que un importante umbral puede traspasarse en el primer semestre de 2019. Por primera vez desde la crisis, estos tres bancos centrales podrían extraer fondos de la economía mundial. Durante el pico del estímulo, en 2009 y de nuevo a finales de 2016, el valor de la liquidez inyectada a la economía crecía a una tasa equivalente al 2,5% del PBI mundial.

Dicha inyección, al mismo tiempo que tocaban el piso las tasas de interés, empujó al alza los precios de los activos, a medida que los inversores buscaban mejores rendimientos. Sin embargo, la combinación del alza de las tasas de interés y reducción de la hoja de balance por parte de la Fed ha coincidido con un menor crecimiento de la economía global y un aumento de la volatilidad en los mercados financieros.

Este contexto inestable complica los planes de los distintos bancos. Mientras que la Fed enfrentó una perspectiva positiva cuando comenzó a subir las tasas en 2015, esto luce menos prometedor para el BCE, ya que el crecimiento económico de la Euro zona ha disminuido significantemente. Por su parte, en enero la Fed ha dicho las condiciones económicas globales requieren que las tasas se mantengan en los valores actuales.

Es posible que el BCE y el BJ cambien su curso de acción, pero ninguno se ha comprometido a restringir su política monetaria. El BJ redujo el valor de sus compras mensuales de bonos, pero no ha establecido un objetivo menor. Por su parte, el BCE permanece por tiempo indefinido en su política de esperar y observar.

No está claro hasta qué punto la Fed busca disminuir sus tenencias. Antes de la crisis, poseía activos cuyo valor ascendía a US$900 mil millones. Hoy en día, con el valor de los dólares estadounidenses en circulación en US$1,5 billones, se tardaría hasta principios de 2023 para que el balance retorne a esos niveles, asumiendo que podrían desprenderse como máximo, mensualmente, por un valor de US$50 mil millones en activos. 

Pero es probable que la Fed cambie su accionar antes de llegar a esa fecha, ya que ven al balance como una cuestión técnica que les permite controlar la tasa de interés más que como una cuestión de política monetaria. Si el crecimiento económico se ralentizara, se encontraría frente al dilema de tener que convencer a los mercados financieros que continuarían desprendiéndose de sus activos al mismo tiempo que recortaría la tasa de interés. Consecuentemente, es probable que el balance de la Fed permanezca más voluptuoso de lo que era antes de la crisis, ya que la reducción en la hoja de balance se vería impedida por la necesidad de un cambio en la dirección de la política de tasas para apoyar el decaimiento económico.

Normalizar los estados de las cuentas de los bancos centrales será un proceso largo y desafiante que acarrea riesgos para el crecimiento de la economía global, y de seguro se verá interrumpido o retrasado por la frecuente presencia de shocks económicos.

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