Informe económico mensual realizado por el área de Economía de PwC Argentina.
El acuerdo comercial firmado con Estados Unidos abre oportunidades exportadoras concretas para Argentina. En lo inmediato y en un análisis estático de la situación actual, las carnes lideran con claridad las posibilidades de exportación. Desinfectantes, lecitinas y minerales críticos completan el horizonte inmediato. Los productos farmacéuticos podrían ser la gran apuesta a mediano/largo plazo. No obstante, el reciente fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos introduce incertidumbre sobre algunas de las ventajas relativas obtenidas para las exportaciones argentinas y requerirá de un seguimiento cercano para comprender el real impacto de dicha medida.
El mercado laboral argentino está atravesando un proceso de transformación marcado por un giro en las expectativas económicas y un avance sostenido de la inteligencia artificial dentro de las organizaciones. La última edición de la Encuesta Global de PwC a los CEO – Capítulo Argentina, muestra que los líderes empresariales observan un horizonte más favorable con un optimismo que supera al promedio regional y que contrasta con los ciclos recientes de volatilidad e incertidumbre.
Se suscribió el “Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos” entre la República Argentina y Estados Unidos. Este instrumento se presenta como un hito en la agenda bilateral reciente, en tanto establece un marco estratégico orientado a profundizar la relación económica entre ambos países.
Economista Jefe de PwC Argentina
Dos meses después del inicio de la nueva fase monetaria y cambiaria, comienza a insinuarse el cambio estructural de la economía argentina y la lógica operativa del modelo macroeconómico. El Banco Central de la República Argentina (BCRA) está cumpliendo con el objetivo de recomponer reservas, ya que en lo que va del año acumula compras netas de divisas por más de US$ 2.500 millones y, a diferencia del pasado, no ha sido la entidad la que ha esterilizado la creación de pesos asociada. Sin embargo, la base monetaria se mantiene en niveles similares a los de fines de diciembre. La llave de esta aparente paradoja estuvo en el accionar coordinado del BCRA con la tesorería: tanto en enero como en febrero el Tesoro refinanció más del 100% de los vencimientos, absorbiendo liquidez y compensando el efecto monetario expansivo de las compras de reservas, ya que el exceso captado no fue destinado a la expansión del gasto. Este doble movimiento -acumulación de divisas y contracción neta de pesos- contribuye a anclar expectativas, sostener la estabilidad cambiaria y consolidar el proceso de desinflación.
Cabe subrayar que la recomposición de reservas no ha venido acompañada por una depreciación, sino por apreciación cambiaria. La mayor oferta de dólares se explica por varios factores concurrentes, en parte inherentes al cambio de la estructura económica de Argentina: ingresos por colocaciones de deuda de provincias y de obligaciones negociables corporativas, una liquidación más intensa del agro -en particular, trigo- y un contexto internacional de debilitamiento del dólar. Estos flujos -en particular la cosecha fina, de naturaleza estacional en el verano-, tenderán a ser reemplazados desde el otoño por los dólares de la cosecha gruesa. De mantenerse la disciplina macro, la tendencia predominante sería la de un peso más apreciado, lo que reduce presiones sobre precios de bienes transables y refuerza el anclaje de expectativas inflacionarias.
No obstante, en los últimos meses del año e inicio de 2026, se observó que el índice de inflación mensual aún transita niveles elevados. Sin embargo, la aceleración reciente en el índice mensual respondería más a factores estacionales y a correcciones de precios relativos, que a una nueva dinámica del proceso inflacionario. El precio de la carne aumentó significativamente desde noviembre, con nuevos ajustes en febrero; las expensas exhibieron su pico habitual en diciembre; algunas verduras treparon en enero por razones climáticas; y los alquileres arrastran esquemas indexatorios que distorsionan la lectura del índice.
Al limpiar estos efectos -tal como lo muestra el último Informe de Política Monetaria (IPOM) del BCRA- se observa una tendencia subyacente más benigna. Si la postura contractiva se mantiene y la demanda de dinero sigue firme, dejando atrás el pico estacional de marzo y con la estacionalidad de carnes cediendo a partir de abril, los índices de inflación deberían comenzar a descender con mayor nitidez en el segundo trimestre.
Pero el tránsito por este sendero no está exento de riesgos. La estrategia de compras de reservas por parte del BCRA tiene un costo, que es la emisión asociada si no tiene una contrapartida en la demanda de dinero. La diferencia en esta oportunidad es que, en lugar de ser el BCRA el que corre con este costo, es el Tesoro quien lo hace; lo que tiene sentido pues es quien necesita de la acumulación dada su imposibilidad de acceso a los mercados financieros internacionales.
Pero cualquier evento que desestabilice la demanda de dinero podría tener consecuencias. Con vencimientos en pesos elevados durante el año y de corto plazo en la deuda de la tesorería, un shock local o internacional podría exigir una suba de tasas para sostener la refinanciación, encareciendo el financiamiento y afectando la actividad, en especial en los sectores más intensivos en capital de trabajo. De acuerdo con cifras oficiales, 2025 cerró con un crecimiento del 4,4%, aunque con heterogeneidad marcada entre ramas; preservar esa tracción requiere reducir la volatilidad en el tipo de cambio y en las tasas de interés. Si observamos los resultados de la última emisión de deuda de febrero, sugieren una preferencia por un aumento de liquidez y reducción de tasas de interés para evitar una mayor apreciación del tipo de cambio, lo que incrementaría su volatilidad potencial.
En síntesis, febrero parece comenzar a insinuar los frutos del modelo: acumulación de reservas, estabilidad monetaria con crecientes grados de libertad por parte del BCRA para su manejo, un entorno cambiario con cierta estabilidad, costo de financiamiento en dólares en descenso y la baja en la inflación que asoma tras el ruido estacional y de las correcciones de precios relativos. El desafío es sostener la disciplina y administrar con fineza los meses de mayor exigencia financiera, para que 2026 puede consolidar una trayectoria de menor nominalidad, tasas más bajas y mayor acceso a financiamiento para el sector público y privado, posibilitando que los sectores dinámicos continúen traccionando y que vienen más rezagados comiencen a recuperar.