Informe económico mensual realizado por el área de Economía de PwC Argentina.

Economic GPS

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La economía argentina frente al shock externo.

El conflicto en Medio Oriente provocó una de las mayores alzas mensuales del petróleo desde 1990. El impacto se trasladó a la inflación global, las tasas de interés y el riesgo emergente. Argentina, sin embargo, enfrenta este evento desde una posición más sólida que en shocks externos pasados.

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Industry Roadmap

Nuevas guías de gobierno corporativo emitidas por COSO: una hoja de ruta para la supervisión efectiva del directorio.

¿Cuentan hoy los directorios con un marco común y coherente que les permita ejercer una supervisión efectiva del riesgo, el control interno y la estrategia en un entorno donde las expectativas de gobierno corporativo son cada vez más fragmentadas? 

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Customs & FX

Novedades aduaneras y cambiarias del primer trimestre de 2026.

Durante el primer trimestre de 2026 se emitieron nuevas comunicaciones y resoluciones que impactan en la operatoria de comercio exterior. En esta edición, realizamos un breve repaso de las que consideramos más relevantes.    

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Economista Jefe de PwC Argentina
José María Segura

Economista Jefe de PwC Argentina

Editorial

El debate que Argentina se debe en un contexto de transformación estructural

Los últimos datos de actividad publicados por el INDEC confirman algo más que una recuperación cíclica: la economía argentina está cambiando estructuralmente. El panorama sectorial que arroja el EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica) evidencia algo más que un patrón de crecimiento heterogéneo. La minería, la energía —impulsada por el desarrollo de petróleo y gas no convencional—, el agro y los servicios financieros consolidan su rol como motores de actividad, mientras que rubros históricamente más asociados a la demanda interna —industria, construcción, comercio— muestran un rezago. No se trata de un dato coyuntural. Es la señal de un cambio en la estructura productiva que empieza a reflejarse en indicadores cada vez más concretos y que, necesariamente, confluirán en un cambio en el peso relativo de los mismos.

Además, esa transformación en la estructura sectorial de la economía también tiene un correlato territorial. Los datos de desocupación por aglomerado del cuarto trimestre ilustran con nitidez la transformación: las ciudades vinculadas a matrices productivas de energía y minería registran tasas de desempleo sensiblemente inferiores y una tendencia de sentido inverso a las del promedio nacional, en tanto que los aglomerados donde se concentra la actividad industrial y de la construcción —en particular el AMBA y su cordón urbano— muestran un deterioro relativo. El mapa del empleo se está redibujando a lo largo de la cordillera, lejos de los centros urbanos tradicionales.

La transición, desde luego, no es neutral. Ciertamente, no es esperable encontrar coordinación perfecta entre los sectores que desplazan trabajadores y los que generan nueva demanda laboral, por lo que se pueden producir situaciones individuales de desempleo e incluso, a nivel agregado, un incremento del desempleo friccional. 

Más aún, se ha hecho habitual en el debate actual la objeción a la capacidad de generar empleo de los sectores que hoy traccionan la actividad, y que ello llevaría a un incremento del desempleo que no sería sólo de naturaleza friccional.  Es posible que, aún con la automatización de tareas que implica la inteligencia artificial, la tasa de creación de empleo directo por unidad de capital de estos sectores sea menor que la de otros sectores de la economía. No obstante, y en primer lugar, no debería abstraerse del análisis la creación de empleo indirecto que, por ejemplo, conlleva la construcción de infraestructura asociada.

Sin embargo, no es en este punto en el que nos queremos detener, sino en una cuestión más sutil y de mediano/largo plazo. El análisis del mercado laboral resultaría incompleto si no se analiza también el lado de la oferta. El argumento que los sectores dinámicos no serán capaces de generar la demanda de trabajo suficiente para absorber la oferta de los sectores que destruyan empleo parte de un supuesto implícito: que la oferta de trabajo seguirá creciendo al ritmo del pasado y que, por lo tanto, la economía necesita sectores capaces de absorber volúmenes de mano de obra cada vez más grandes. Pero si la PEA (población económicamente activa) se desacelera estructuralmente, la presión sobre el mercado laboral se atenúa por un canal que el debate actual no suele incorporar.

Los datos demográficos recientes sugieren que Argentina se encamina hacia una situación que hasta hace poco parecía exclusiva de las economías avanzadas: la escasez de población económicamente activa. La tasa de natalidad viene registrando un descenso sostenido y marcado, una tendencia que las estadísticas oficiales —tanto del INDEC como de la Dirección de Estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires— reflejan con claridad. Los hogares sin hijos menores ya son mayoría, la edad promedio del primer hijo se desplazó hacia arriba y el promedio de hijos por mujer se ubica por debajo del nivel de reemplazo poblacional. Argentina no es una excepción: sigue, con rezago, la misma trayectoria que hoy exhiben las principales economías de Europa Occidental, donde las tasas de crecimiento poblacional se acercan a cero y el envejecimiento de la fuerza laboral ya es un condicionante de política económica.

Si esa tendencia se sostiene —y nada en los datos actuales sugiere una reversión—, la población económicamente activa crecerá a un ritmo cada vez menor. En ese escenario, la pregunta relevante cambia de signo.

Es por este motivo que es necesario comprender cómo es y podría ser la dinámica del empleo. El desplazamiento entre sectores no solo enfrenta restricciones técnicas —requiere recalificación profesional— sino también geográficas: implica que familias enteras consideren relocalizarse, con todo lo que eso supone en términos de arraigo, infraestructura y calidad de vida. De hecho, hay indicios tempranos de que esa tensión ya opera: en determinadas geografías y sectores específicos las empresas enfrentan dificultades para cubrir posiciones calificadas y evalúan recurrir a trabajadores del exterior para sostener sus proyectos.

La evidencia sugiere que con el tiempo el mercado ajusta. Neuquén es quizás el caso más elocuente: entre diciembre de 2011 y diciembre de 2025, la provincia explicó el 58% del crecimiento neto del empleo privado registrado a nivel nacional. Pero el factor clave aquí es el tiempo y la paciencia o no que tenga la sociedad para transitar el proceso.

Por eso, el desafío no se define tanto por la cantidad de puestos de trabajo que el nuevo modelo productivo sea capaz de crear, sino por la capacidad del sistema —educativo, institucional, territorial— de formar el capital humano y favorecer los flujos migratorios que esa transformación demanda. La transición está en marcha. Los costos del corto plazo son reales y visibles. Pero para mitigar esos costos, los términos del debate necesitan actualizarse: la Argentina que viene parecería tener menos un problema de empleo que un problema de empleabilidad.

 

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José María Segura

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